En los últimos tiempos he andado por diferentes pueblos y lo que les voy a comentar es directamente desde el corazón, porque es un tema que me “carga”, me apesadumbra.
En esta recorrida por los pueblos encontré un factor común, que verdaderamente se perdió el interés por las almas: cualquier otra agenda es más importante que la oración y la evangelización. Si bien en Jueces 5 es bíblico, cuando Sísara estaba destruyendo la ciudad, para convocar a las tribus para ir contra Sísara y evitar la destrucción, vemos que no todas las tribus respondieron y había tribus que tenían cosas para hacer que, para ellos, eran prioritarias.
Quizás esto no sea nada nuevo, pero la pregunta que me hacía mientras manejaba en la ruta era: ¿se perdió la honra, el amor, el compromiso y la dignidad por Jesús?, ¿se perdió el respeto entre hermanos o pastores, o quizá nunca existió? ¿Quién convoca y reúne a la Iglesia para la evangelización, es Jesús verdaderamente, es la pasión por las almas? La urgencia de Jesús, que vino a buscar a los perdidos, ¿será eso lo que los convoca? Pero cuando se entraba a los pueblos y se intentaba convocar a las iglesias y cada uno tenía una
responsabilidad diferente y en vez de juntarse para orar y evangelizar por aquello por lo cual Jesús murió en la Cruz, había otras situaciones que lo impedían.
Entonces surge la pregunta: si en vez de entrar por el Consejo Pastoral de la zona, por los pastores, ¿convocamos al intendente? ¿y si mejor se convoca a la autoridad civil, al intendente, y que este convoque a la iglesia? Y la respuesta que me surgía ante este pensamiento era: “¡Pero eso no es bíblico Lucas!”; no es bíblico que uno entre a un pueblo y el intendente tenga que convocar a la iglesia. ¿Pero saben qué? ¡Lo hice! Y en minutos tenía a la iglesia reunida junto al
intendente. Es decir, convocar a la Iglesia desde el poder, no es bíblico; pero tampoco es bíblico que la iglesia esté debajo del poder.
La pregunta que me hago es: entonces, ¿la Iglesia no responde a Jesús en estos tiempos, responde al poder? Y continúo: ¿quién es el Jefe? ¿quién es el dueño de la mies, es el intendente ahora?
Y me hago un cuestionamiento personal, por supuesto: ¿y vos Lucas a quién respondés? Y encontré una historia en Mateo 17, del 14 al 21, porque en verdad las familias están representadas en ese joven lunático que padecía muchísimo, al punto que el padre le decía a Jesús “este cae en el fuego y muchas veces en el agua…”, la sociedad está teniendo una necesidad imperiosa de tener un encuentro con Jesús pero la Iglesia no responde a él, la Iglesia está en “su situación”. El padre del lunático, siguiendo con la palabra de Dios, dice: “lo he traído a tus discípulos pero no lo han podido sanar”, lo que me lleva a pensar que las personas con necesi-dad, están yendo a la Iglesia, pero la Iglesia carece del poder para poder darles una solución, la solución que la sociedad necesita. Los discípulos, que
podemos decir que en esta historia representan a la Iglesia, le preguntan al Señor: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo al demonio?, así le dicen a Jesús. Pareciera que la Iglesia se sorprendió de que no pudiera echarlo afuera; creían que estaban dándolo todo, creían que estaban haciendo las cosas bien, pensaban que no les faltaba nada y esto me hace auto examinarme también a mí.
Jesús nos confronta hoy a nosotros, como confronta a la Iglesia, cuando nos dice: “Generación incrédula y perversa”, que se pone por debajo del poder. ¿Debajo de quién nos ponemos nosotros?, que es la pregunta importante de hoy. Y Jesús expresa que en nuestras manos está la solución. Jesús les dice que si tuvieran fe como un grano de mostaza, las cosas serían diferente; parafraseando podría también expresarse, según mi mirada, “si tuvieran amor por mí, como un granito de mostaza; si tuvieran compromiso como un granito de mostaza; si tuvieran educación como un granito de mostaza haríamos cosas imposibles”. Termina diciendo, todos lo sabemos: “este género no sale sino con oración y ayuno”.
Nosotros estamos orando para que la Iglesia se levante, se encienda, que nuestro corazón arda por pasión, que esa urgencia por correr por los necesitados no se apague, que nuestro corazón arda, arda, arda como esa zarza que no se apagaba; que nuestro corazón siga encendido poniendo los ojos en Jesús. Dice la palabra: “El que me siga a mí, no andará en tinieblas”; que el poder no se ponga sobre nosotros, que las circunstancias no se pongan sobre nosotros, que el que esté por sobre nosotros sea Jesús.—