Es famosa e icónica una escena de la película El Secreto de sus Ojos (Dir: Juan José Campanella, 2009), donde uno de sus protagonistas, Pablo (G. Francella) le explica a su amigo y compañero de juzgado Benjamín (R. Darín), una de las características de los hombres: “El tipo puede hacer cualquier cosa para ser distinto (…) ¿te das cuenta Benjamín, el tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, ¡no puede cambiar de pasión!”, siendo esta pasión, en el caso del delincuente buscado por la justicia, un amor desmedido por el club Racing.
La memoria colectiva se reactiva en estos días y tiene muy presente la final del Mundial de Catar 2022, donde Argentina se coronó campeón mundial, y se entremezclan la atajada de Dibu Martínez, los goles, Mbappé, un Messi encendido y la explosión final, que llenó de expansiva alegría a todos los corazones de un país esencialmente futbolero. Y los evangélicos no fuimos excepción, por supuesto: ahí estuvimos, pidiéndole al Señor que no fuera imparcial, y que demostrara —una vez más— “que es argentino”, como nos gusta decir cuando estamos en apuros.
Ya a horas del comienzo del Mundial 2026, la tentación de abandonarnos por un tiempo al placer y al sufrimiento de los vaivenes futboleros, está al alcance de la mano. Por un tiempo queremos olvidarnos de la inflación, de los devenires políticos, de la grieta que jamás se termina, de los problemas hogareños y enfocarnos solo en cómo nos va, con quién toca jugar la próxima, quien será el 9, si Lautaro o Julián y cómo estará Messi en su último Mundial lo que nos pone melancólicos con solo pensarlo.
Y un lugar preponderante en ese “dejar de lado”, para muchos cristianos, está el Señor, que corre el riesgo de quedar relegado provisoriamente hasta que suene el silbato final en la Final, y especialmente si la Argentina va avanzando por vencer a los sucesivos rivales.
Nunca cerramos por vacaciones
Ante el panorama descrito precedentemente, surge la inevitable pregunta: ¿podemos tomarnos vacaciones espirituales por un mes, por acompañar a nuestra Selección?
La respuesta es, desde nuestra perspectiva, un no rotundo, porque como bien sabe todo creyente aquél o aquello que pongamos en primer lugar en nuestra vida, será nuestro “dios”.
Que está bien alentar, interesarse y emocionarse. Que está muy bueno preparar un asadito familiar y compartirlo frente al televisor, apoyando a los 11 que salgan a representarnos, pero… todo en su lugar.
La oración, no cesa; los devocionales diarios, continúan; al culto se asiste igual; la Palabra sigue siendo leída con dedicación y sin distracción; al hermano o hermana que consulta, se lo atiende igual aunque el partido comience dentro de 15 minutos. Es decir, la vida espiritual continúa y es la más importante, porque Dios es lo más importante y no puede estar “congelado” por un tiempo o ser atendido en el entretiempo.
Porque las huestes espirituales no se toman vacaciones y están atentas a toda distracción o “bajada de brazos”; como bien expresa 1 Pedro 5:8 “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. Es claro que el devorador no se distraerá con los goles, sino que aprovechará nuestro enfriamiento espiritual, para golearnos en nuestro ministerio, en nuestra economía, en nuestra familia y en nuestra salud.
Si esta palabra no ha alcanzado, tenemos otra del Señor que nos previene sobre estar lejos de él: “¨Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil” — Mateo 26:41 NTV.
Tampoco esperan —y es un hecho irrefutable— el hambre ni las necesidades de los más vulnerables, a los que es nuestro deber asistir en la medida de las posibilidades que tengamos. Ni se detienen las enfermedades o el dolor de los convalecientes, al que el Señor nos envía a visitar. Y, esencialmente, si Dios nos encomendó salvar un alma llevando una palabra de Salvación, no es lo mismo ir en el momento oportuno que ir luego de cuartos de final o de la semifinal, es decir cuando se nos antoje: la Salvación urge y nos guste o no, si somos comisionados para intermediar, allí debemos ir, sin fijarnos en el fixture.
Indudablemente, para los que hemos elegido al Señor como nuestro todo, no lo cambiamos —ni por un rato— por ninguna camiseta (aun la nacional) ni por todos los goles del mundo.
Sumamos la voz del Pr Osvaldo Pupillo, que se toma un tiempo para aportarnos conceptos: “Cuando uno comienza a vivir la fe en Dios, por lo general se abren puertas o posibilidades gratificantes. Estas cosas te pertenecen por derecho, pero si vives la fe, puedes ejercer tu derecho o dejar que Dios elija por ti. A veces Dios te pone a prueba en situaciones donde tu propio bienestar sería lo más importante, si no vivieras la fe. Pero si la vives, renunciarías con satisfacción a tu derecho y dejarías que Dios elija por ti. Muchos de nosotros no seguimos creciendo espiritualmente porque preferimos elegir basados en nuestros derechos en lugar de confiar en que Dios elija por nosotros. A partir de esta idea central, nos encontramos que llega la temporada del campeonato mundial de fútbol y muchos de nosotros estamos entusiasmados para alentar a nuestra Selección, pero no podremos dejar a un lado nuestra prioridad de la comunión con Dios que siempre es la mejor. Debemos tener la mirada puesta en Dios y aprender a caminar conforme al estándar que tiene la mirada puesta en Dios” —concluye el Pr Pupillo.
Buscando aportes, sumamos el pensamiento del Pr Alejandro De Luca, quien expresa: “Jesús nos enseñó que debíamos buscar primero el Reino de Dios y su Justicia (Mateo 6:33). Eso nos habla de prioridades; las cosas del Reino de Dios deberían ser la prioridad en nuestra vida. La Biblia también nos enseña a tener cuidado con las pasiones, especialmente con las pasiones desordenadas. Sin ninguna duda, el fútbol es una pasión en nuestro país y mucho más en estos últimos años. La iglesia debe entender la cultura del país en el que predicamos: no es lo mismo el lugar que ocupa el fútbol en la Argentina que en un país remoto, no futbolero. Entiendo que en circunstancias extremas —como fue la final de Catar 2022— todas las iglesias hayamos tenido que hacer ajustes para convivir en un día de explosión festiva en nuestras ciudades, donde todo estaba alterado: la calle, el transporte y el ánimo de la gente. Pero, salvando esa posibilidad, que ojalá se repita, está claro que Dios nos llama a darle prioridad a las cosas del Reino. Y la iglesia debería de poder continuar con su agenda de actividades durante el Mundial. Remarco que no son solo agenda de reuniones, es también la necesidad de atenciones de la iglesia que tendremos que cumplir responsablemente. Es cumplir responsablemente con nuestro ministerio. Por eso, durante este largo mes, desde mediados de junio hasta mediados de julio, la iglesia no se toma vacaciones, no cierra por el Mundial, las cosas de Dios primero, el Reino de Dios primero”.
Finalmente el Pr Walter Gunzelmann, coeditor de Rhema, hace un aporte que aquí compartimos: “La famosa frase del personaje de Francella [Pablo], sobre que se puede hasta cambiar de Dios, pero no de pasión, yo la adaptaría a nuestra vida espiritual: si la pasión nuestra es Jesús, podremos dejar todo de lado, cambiar muchas cosas, pero jamás podremos cambiar de pasión y esta será, siempre, aun en el Mundial, el amor nuestro por Jesús y el amor de Jesús por sus hijos e hijas. A alentar, entonces, a compartir momentos en familia y unidos tras un objetivo que alegrará a todos de ser alcanzado; pero sin dejar de lado nuestra auténtica pasión: Jesucristo”.—