En  tiempos de redes sociales como fuentes de conocimiento superficial, entretenimiento extremo y deseos de evasión, el estudio de la Teología, aparece como una indagación extraña, especialmente para los jóvenes. Estudiar la Palabra, suena como pérdida de tiempo o, más bien, como algo exótico. Sin embargo, hay chicas y chicos que dejan la comodidad de la “casa de mamá y papá” y se mudan a lugares lejanos donde por un tiempo estarán inmersos en versículos, misterios bíblicos, vínculos de convivencia con extraños y alejados del confort familiar: son los estudiantes que deciden escudriñar la Palabra, a través del modelo internación en un instituto bíblico  reconocido.
Rhema entrevistó a dos de estos jóvenes, para conocer sus motivaciones, experiencias, cotidianeidad y expectativas desde el Instituto Bíblico Patagónico, en Gaiman, Chubut y desde el Instituto Bíblico Río de la Plata, en el sur del Buenos Aires, Lomas de Zamora.
Son Anabella Devincenzi (26) — en el IBP y Valentina Liz Leyes (22) — en el IBRP.

________________________________
 

Considerando que hoy se puede estudiar teología en forma “cómoda” desde la laptop en casa, ¿qué las motivó a dejar “la casita de los viejos” para internarse en un lugar alejado, distante de las diversiones tan buscadas por  los chicos y chicas de vuestra edad?

Anabella: Me hacés reflexionar. Yo, desde los 16 años, es que quería ir al IBP, más que nada porque en mi iglesia se lo promociona mucho. Y siempre conocía testimonios de jóvenes que se iban a estudiar ahí. Y yo decía: “¡quiero saber como ellos!”. No solamente eso, sino conocer más a Dios. Yo, en mi adolescencia, tuve esa etapa de mi primer amor con el Señor y querés arrancar a full, sirviendo; y donde haya lugar te querés meter, para aprender, para servir… Me acuerdo que a los 16 años, fue a una reunión el director de IBP para promocionarlo. Y cuando dijo: “—¿Quién de uds quiere ir al IBP?, que se ponga de pie…”. Yo dije: “Bueno Dios, si vos querés que yo vaya, vos lo vas a hacer”, así que me paré —me paré en fe y nunca me olvido de ese día— y ahí comenzó mi llamado. No fue algo muy místico. Dios me está mandando a que me prepare. Fue una lucha, como dije estaba en la adolescencia y estaba en esa etapa donde decía “dónde encajo”, “qué voy a hacer de mi vida”. Tenía todo servido en bandeja de plata en mi mundo. Bueno, empecé a hacer cálculos y no me daban, no me daban, además mis papás no estaban de acuerdo (¡familia cristiana!)… Cuando cumplo los 23 años me fui a vivir sola, que fue ir contra la voluntad de Dios, porque era el año de ir al Instituto ¡y me voy a vivir sola! A los 6 meses perdí el trabajo, y tuve que volver a casa, donde me recibieron con mucho amor y ahí decidí hacer la voluntad del Señor. No tenía un peso, pero un testimonio de una compañera me ayudó: “Vos da el primer paso, que Él pone el piso”. Agarré la planilla de inscripción y empecé a llenarla. Y ¡pum! conseguí trabajo. Y esta persona que me contrataba me iba a pagar en blanco, aun en los meses que no trabajara, y yo me decía: “¡¿Quién hace esto?! ¡Y es Dios quien lo hace!”. En definitiva, lo que me motivó fue hacer su voluntad.
Valentina: Cuando tomé la decisión de arrancar el IBRP, presencialmente, me costó bastante justamente por-que sabía que era algo “incómodo”, era dejar lo que yo quería —yo recién terminaba la Universidad— y una parte de mí quería comenzar a trabajar ya, ganar mi dinero, independizarme más de mis papás y hacer mis proyectos; pero, por otra parte, yo sabía que necesitaba más de Dios, por más que yo vaya a la iglesia, por más que sepa un montón, yo quería una mayor profundidad, de saber quién es Dios y lo necesitaba a través de bases teológicas. Yo necesitaba más: yo sabía que estaba “floja de papeles ahí”. Además, un sueño mío era compartir de Dios, a través de mi carrera, Comunicación Visual, Diseño, etc, y cómo compartir algo que no sé. Necesitaba más intimidad con Dios; y sola en mi casa, no podía. Hay muchas distracciones, porque somos muchos; me costaba apartar ese tiempo. Por eso tomé la decisión de arrancar el IBRP, presencial. Y cuando uno decide abandonar los planes de uno, decide dejar de lado lo que quiere, para hacer lo que Dios quiere, está realmente sacrificando y permitiendo que Dios haga Su Voluntad. Y era día a día hacer eso, porque ves las formas de cada chico —que por ahí no son tus formas—, por ahí hay mucha incomodidad, despertarte y adaptarte a horarios que no son los tuyos, convivir con otras personas, no poder volver a tu casa porque estás a 3 horas en transporte público… Yo, igual volvía los findes; volvía “detonada”, cansadísima, y eso que yo he cursado la universidad a full y le he metido un montón, pero el cansancio era distinto, y creo que es algo espiritual, porque era un constante morir a lo que yo quiero y tampoco es algo que lo sufrís realmente, en el IBRP hay gente muy hermosa, que te enseñan un montón, Dios está constantemente hablando, porque estás dedicando tu tiempo a eso. ¡Y es hermoso eso! Pero aun así, se siente el cansancio físico, el emocional. Y aquí, de nuevo, tomar las fuerzas de Dios, porque es el único que nos puede levantar en estas situaciones, que a veces queremos, otras veces no queremos, pero que lo estamos haciendo porque es una decisión que tomamos de hacer lo que la Voluntad de Dios quiere. Cuando uno quiere que las cosas sean distintas, necesita “incomodidad”.

Qué dirían que fue lo más shockeante (al menos al principio) de la internación y lo más motivante

Annabella: Yo creo que lo más shockeante fue la convivencia. Al haber muchas personas de diferentes lugares —quizá unos 80 estudiantes— convivir ¡2 meses! ¡¡mmmh!! eso fue lo más impactante. En la habitación compartís con dos o tres chicos más, entonces es distinto, cada uno viene con su crianza y su forma de ver, por ejemplo, la limpieza o lo que sea, bueno fue eso. Lo que más me motivó, fueron los momentos donde por ahí estás “bajoneada” y todo, estas mismas personas, tus compañeros, eran los que te levantaban; te veían mal y te preguntaban: “¿Qué te pasa? ¡Oramos!”, y así… No te sentías solo porque estaba toda la gente apoyando, por más que no te conocieran teníamos un mismo objetivo, un mismo sentir que es Jesús… Entonces, eso era lo más lindo, lo más motivante, el saber que estabas acompañada de muchos más.
Valentina: El estar lejos de tu casa y el adaptarte a otras formas. Ahí te perdés cosas de tu casa y por ahí no podés ir a cumpleaños o a reuniones de tu iglesia, pero lo lindo, lo más motivante es que siempre aprendés más de Dios. Cualquier ocasión es un lindo momento para aprender más de Dios, profundizar en Él —como que te rompe todas las estructuras que tenés en la cabeza. En cualquier momento te podés encontrar llorando porque Dios te habla, y eso es hermoso.
 
Tantos jóvenes juntos en convivencia puede dar lugar a situaciones equívocas o de tentación, ¿cómo se manejan las instituciones y ustedes al respecto? ¿Se apela al autocontrol de los internados/as, hay códigos de conducta muy claros, hay una observancia controlante de los directivos responsables? ¡Ah! Y no pueden decir “no, no pasa nada”, porque muchísimos matrimonios de pastores testimonian “nos conocimos en el Instituto Bíblico” (risas)

Anabella: Pasaría en cualquier lugar y el instituto bíblico no es la excepción, que te guste alguien… más que nada que estás conviviendo 2 meses con un montón de chicos y chicas; lo que está bueno es que hay códigos de conductas, hay normas, etc. Por ejemplo hay reglas, que le decimos “la 33″ (risas), si entrás al instituto no podés tener novio por un año porque se supone que estás enfocado en el Señor y demás; ya después sí, podés charlar a solas (a la vista de todos), charlar con los directivos…. Yo fui becada de supervisión así que tenía que estar al tanto de eso, de supervisar a los chicos, de ver que no anden en cualquiera y de cosas así y una también ser ejemplo. Es algo que pasa pero también está el cuidado de todo, en las intenciones y demás. No se puede decir que “no pasa nada”, porque sí pasa, pero es todo muy ordenado y siempre se puede hablar con los directivos y contar lo que se siente. Hay algunos que respetan todo esto, y otros que no ¡no vamos a mentir! (risas). Yo, por ejemplo, estoy comprometida con el chico que me gusta y me voy a casar el año que viene. Dios es muy fiel.
Valentina: En cuanto a eso, el IBRP  tiene una regla estricta que es “la 33″, que aclara que después de 6 meses recién podés estar conociendo a alguien, en un sentido amoroso. Si pasa antes hay una penalización, entonces las reglas son bastante estrictas, los supervisores están al tanto de todo… Creo que entre todos los alumnos, se cuidan mutuamente y entre bromas y un poco de “chisme” (risas) uno se entera de todo. Los supervisores pueden acompañar, por ejemplo diciendo “che, cuidado con esto”, por ahí dando un aviso… y si están saliendo, ya actuando de otra forma. La verdad es que ocurre, que es algo inevitable por más que haya una regla: que haya jóvenes o no tan jóvenes (risas) que vayan al IBRP con la intención de volver con una pareja, lo cual claramente no es el fin correcto ¡pero pasa! Hay cosas que no se pueden evitar por más que haya penalizaciones, por más que se supervise. A ver: muchas veces funciona bien, y muchas veces funciona mal, porque  desenfoca mucho al joven cuando al final la relación no termina bien, cuando solo se lastimaron… Por algo está puesta esta regla, ya que los directivos consideran que es distractorio y realmente hay que enfocarse en el llamado al que cada uno fue puesto. Hay que pensar que son todos representantes de sus iglesias, de sus pastores, y si pasa algo malo es dañino para ellos —que el pastor se entere que el alumno que mandó está “paveando”, eso es feo; pero creo que no todo el mundo tiene claro a qué están yendo al IBRP. Desde el comienzo, el instituto deja bien claro cuales son las reglas y entonces todo depende de uno. Reitero que esta regla es por los primeros 6 meses, después sí se puede hablar y ver, y no veo problema que se conozcan personas que van hacia lo mismo.

Chicas, finalmente, qué del futuro, qué planes, qué objetivos para cuando finalicen esta etapa (¿de qué se recibe cada una?)

Anabella: Terminamos este año —y digo terminamos porque con mi prometido estamos cursando el mismo y último año—. El título es Bachiller en Teología, lo que te motiva a seguir preparándote para más. Nuestra idea es poder casarnos y mudarnos y demás; él no es de Pto Madryn donde yo vivo y la idea es mudarnos al lugar dónde él vive. Y creo que Dios, si Él quiere que nos sigamos preparando, nos dará los medios. También queremos estudiar una carrera secular, digamos. A mí me gustaría psicología. La creo una herramienta super necesaria en este tiempo, más que nada también aplicando la Palabra. Por el momento esos son los planes; el resto del camino lo va trazando el Señor.
Valentina: Me recibiría en la Diplomatura de Teología, que dura 3 años, luego, con un año más tengo una especialización, pero Dios aun no me dijo que la haga, así que todavía no la haré.
Cuando la termine trataré de comunicar a Dios con todas las herramientas que me dio el IBRP y también mis estudios de afuera, pero ya con una base sólida en teología. Seguro que en algún momento Dios me llevará para el pastorado, que creo que es algo muy desafiante y que uno no quiere tanto (risas) pero Dios lo manda a uno ahí —porque tiene mucha responsabilidad y sacrificio, pero se que mi vida estará dedicada a Dios y a donde me lleve, voy a ir.
 
¡Muchas gracias a ambas ! DLB!—