No cabe duda que en los aciagos tiempos que estamos viviendo Israel goza hoy de un apoyo creciente de parte del movimiento evangélico.
A veces, este respaldo resulta difícil de comprender, porque la Iglesia luchó durante siglos para aceptar al pueblo judío e, incluso, llevó a cabo actos anti-semitas contra él.
Muchos padres de la iglesia enseñaron que Dios había terminado con los judíos y los había dejado en el exilio como señal de su rechazo divino. Todo esto cambió en un abrir y cerrar de ojos con la restauración de Israel como Nación en su patria ancestral, cumpliéndose así la palabra profética de Isaías 66:8: el 14 de mayo de 1948 fue reconocida como estado soberano por las Naciones Unidas.
La pregunta para nosotros, los evangélicos, es válida: ¿por qué deberíamos apoyar a Israel hoy? Y se amplía: ¿por qué deberíamos los cristianos ben-decir y solidarizarnos con la Nación y el pueblo judío?
Por empezar, Dios ama a Israel (Jeremías 31: 2-4); tras un período de juicio Dios, motivado por su “amor eterno”, restauró a Israel. Este, es un amor que no tiene fin y fue este amor el que da origen al plan de Dios con Israel. Y para muchos, puede surgir otro interrogante: “¿cómo puede Dios amar a una nación pecadora como Israel?”, aquí la respuesta es fácil, por el mismo amor incondicional que el Señor tiene hacia la Iglesia. En efecto, “cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” —Romanos 5:8. Claramente, deberíamos y debemos amar lo que Jesús amó.
Una situación inédita
Somos cristianos que han tenido que abordar teológicamente una situación que no existió durante 1900 años en la historia de la iglesia: el resurgimiento de Israel como Nación en su antigua patria, lo que cumplió las profecías bíblicas de los primeros apóstoles que anhelaban ver, como dice Hechos 1:6-7.
Cuando Israel renació en 1948 y Jerusalén se reunificó en 1967, lo que fue otro milagro, la mayoría de los evangélicos reconocieron estos eventos como señales de los últimos tiempos y de la pronta venida de Jesús.
¿Cuál es la misión de la Iglesia en lo que respecta a el pueblo judío?
Tenemos que dar nuestro apoyo al pueblo judío, independientemente de su condición espiritual y como dice la Escritura, “consolar al pueblo de Israel”. “Consolad, si, consolad a mi pueblo” dice nuestro Dios “consolad a Jerusalén, proclamadle que su guerra ha terminado, que su iniquidad ha sido perdonada, pues ha recibido de la mano de Dios el doble por todos sus pecados” —Isaías 40:1-2.
Cabe destacar que Dios no le está diciendo a Israel que se consuele a sí misma; no es un mensaje para que el pueblo de Israel simplemente apriete los dientes y espere tiempos mejores. Más bien, Dios le ordena a otros pueblos que conocen al Señor que consuele a su pueblo. Y gracias a esta misericordia gentil, un pueblo oprimido por 2.000 años de exilio, pogromos y antisemitismo alzará la cabeza, mientras proclamamos: “he aquí a tu Dios”.
En efecto, ha comenzado una nueva etapa de restauración para Israel. Y es una misión de los últimos tiempos para la verdadera iglesia, antes de la segunda venida de Jesús, apoyar a su pueblo e infundirle esperanza declarando “ha llegado el tiempo de favorecer a Israel” —Salmos 102:13.
Israel es el pueblo de Dios
Pese a la duda de muchos creyentes, entre ellos pastores, maestros y teólogos, Israel es y permanecerá siendo, en todas sus épocas, el pueblo elegido por Dios, y las actitudes que tienen las naciones con Israel y hacia los judíos, muestra la manera en que estas se comportan delante de Dios. Deberíamos preguntarnos entonces, en estos tiempos que estamos viviendo, cómo llegar a ellos de manera efectiva.
En mi opinión, el único camino es un testimonio que revele el amor a Israel.
Pablo lo expresa con las siguientes palabras: “digo pues ¿han tropezado los de Israel para que creyesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarlos a celo […] porque a vosotros hablo gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles honro mi ministerio, por si en alguna manera puedo provocarlos a celos a los de mi sangre, y hacer salvo a algunos de ellos” —Romanos 11:11,13-14.
Debemos entonces, acercarnos a los judíos de manera amorosa, contándoles todo lo que hemos recibido a través del Mesías Jesús y lo que él significa.
Dios es un Dios que cumple sus pactos
Dios reafirmó su promesa de dar a Israel la tierra de Canaán mediante un pacto jurado. En Génesis, leemos cómo Dios se apareció a Abraham para prometerle una tierra y una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo. Abraham respondió: “¿cómo puedo estar seguro de que realmente harás esto?”. Dios respondió descendiendo como una antorcha encendida que atravesó animales sacrificados para sellar la promesa de la tierra con Abraham mediante un juramento (Génesis 15:17-18).
Una de las principales características de Dios es que cumple sus pactos. En el pasado algunos cristianos insistían en que Dios había cambiado de opinión sobre Israel, los había abandonado y había establecido un nuevo pacto con la iglesia —y que esta era el “nuevo Israel”— pero esta sería una noticia catastrófica para todo creyente hoy en día. ¿Por qué? Porque con cada pecado, tibieza o falta de compromiso, ¿debemos temer entonces que Dios también cambiará de opinión sobre nosotros? No, porque “aunque seamos infieles, él permanece fiel, puesto que no puede negarse a sí mismo” —2 Timoteo 2:13, por lo tanto, la gran esperanza tanto para Israel como para la iglesia es que Dios siempre cumple sus promesas del pacto, ¡para siempre!
Israel como vínculo para la redención mundial
La nación moderna de Israel tiene ya 75 años y muchos se dan cuenta de que es hora de adoptar una postura bíblica sólida hacia Israel, que sirva de guía para los años venideros, si el Señor no tarda en regresar.
La Biblia da testimonio del llamado y la elección única y perdurable de Dios al pueblo judío como instrumento de redención mundial, lo cual sigue vigente hoy en día con la restauración de Israel en su antigua patria. Israel dio al mundo al Mesías y la palabra de Dios, y los judíos llevaron las buenas nuevas de Jesús (Yeshua) al mundo conocido de su tiempo. Pablo también declara que una futura restauración espiritual de Israel inaugura una nueva época de bendición para todo el mundo —Ro 11:12,15.
Animemos y alentemos al pueblo de Israel
Es un mandato bíblico como cristianos que nos insta a permanecer con amor, bondad y esperanza junto al pueblo judío de Dios, que fue ignorado durante demasiado tiempo por demasiadas iglesias. Sin embargo, resuena hoy, más relevante y oportuno que nunca, que nosotros como pueblo cristiano tenemos que conectar con todos los sectores de la sociedad israelí, a través de actos de amor y preocupación genuina por su bienestar y destino.
En el contexto de la redención venidera de Israel —y del mundo— que Isaías nos manda a consolar al pueblo de Dios.
Qué de los adversarios de Israel
Aunque la tensión actual puede parecer indicar que Irán e Israel son enemigos desde hace mucho tiempo, esto no es así; la historia cuenta otra cosa . Irán fue uno de los primeros países de Oriente Medio en reconocer a Israel tras su fundación en 1948 (después de Turquía). Las relaciones diplomáticas las terminaron en 1979, coincidiendo con la revolución iraní, encabezada por el ayatola Jomenei: solo desde entonces las relaciones entre el régimen Iraní y el Estado de Israel han sido hostiles. A pesar de ellos, en general, el pueblo iraní ha mantenido una visión favorable de Israel.
Quiero resaltar que dentro de las fronteras de Israel conviven juntos árabes cristianos, árabes musulmanes, iraníes, gazatíes, etc; en este territorio convergen todas las religiones y cada cual respeta sus credos. Dentro del estado de Israel está bien que todos tengan sus hogares, familias y trabajos; los israelíes son hospitalarios con los árabes que no los quieren hacer desaparecer de este mundo.
Asimismo, con los países vecinos hay buenas relaciones; hay tratados de paz con Jordania, Egipto, Qatar y Kuwait, incluso la liga de países árabes comercia con Israel y hay intercambios culturales en forma permanente.
Por supuesto, en una guerra hay víctimas, sufrimiento y dolor, pero esta guerra es un conflagración que empezó hace mucho, cuando se propusieron destruir al pueblo de Dios. Y es una realidad que el pueblo iraní quiere salir de su opresión, los gazatíes volver a retomar y reconstruir sus vidas y el pueblo judío quiere vivir en paz en forma permanente y no en cuotas. Estamos en un tiempo que el amor tiene que avanzar sobre el odio y solo la iglesia del Señor tiene esa luz de amor. Es tiempo de avanzar y alumbrar sobre la maldad: la fe y el amor triunfarán y la luz de Cristo prevalecerá en todo el mundo .—